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Besar el cielo

Hoy, como cualquier día,

nos despertamos vacíos y asustados.

No abras la puerta del estudio y empieces a leer,

coge un instrumento musical.

Deja que la belleza de lo que amamos sea lo que hacemos.

Hay cientos de formas de arrodillarse y besar el suelo.

Rumi

 

 

Corretear contigo bajo la lluvia, chapotear incansablemente. Abrir la boca mirando al cielo, sentir sobre la lengua y el paladar las gotas frías. Cerrar los ojos y volver a abrir la boca como si fuésemos a tragarnos una nube y dar vueltas y vueltas, danzando sobre nosotras mismas, hasta abrazarnos para no caernos de tanta risa.

Calarme hasta los huesos, divertida, alocada, como una niña.

Besar el cielo.

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Mi camino, un camino más.

Sé que he de hacer mi camino, y ha de ser sólo el mío hija, y sé que irremediablemente dejará huella en ti.

Deseo transitarlo con el coraje necesario para mirarme a mí misma con honestidad, con cariño,con delicadeza, ternura y respeto.


Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo...
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

Teresa de Calcuta


Tres

Te digo -tengo tres amores: uno grande, uno mediano y uno pequeño.

Y te ríes... petit, petit, menut... me abrazas.

Cierro los ojos y recuerdo un sábado o un domingo cualquiera. Estáis los tres en la cama grande, jugando como locos. Vuelan los almohadones y los saltos se hacen olas y las cosquillas espuma y el barco parece zozobrar atrapado en la tempestad.

¡Mamá, ven con nosotros!¡mamá, Pilar, venga que hace falta un marinero más....ja, ja, ja!

No hay quien se resista a tanta risa.

¡mamá, mira el tete!

Todo parece ir bien. Júlia y Nic están tranquilamente sentados en el sofá, descansando. Nuestro sofá no es precisamente pequeño, no. Además tiene una linia divisoria que hace de él dos partes perfectamente iguales. Pero, amiga, ¡Ay de aquel que ose traspasar la frontera! Y es que el tete ha crecido mucho y como buen adolescente que és, cuando se sienta sus piernas se descontrolan y entonces empieza la guerra.

¡Mamaaaaaaaaaaà, mira el tete! m’està molestant el peu!

Nos reímos, nos reímos mucho contigo hija.

Mamá, cuando seas pequeña...

Hace meses que Júlia nos dice lo que pasará cuando nosotros seamos pequeños y ella mayor. Me gusta tanto escucharla! es insólito y divertido.

Mamá, cuando seas pequeña te dejaré una falda y este vestido tan bonito te lo pondré cuando seas pequeña mami y yo ya seré grande.

Y cuando seas pequeña y estés en China te diré: - Ja venim filleta, t’espimu molt. Ara venim el papa, el tete i jo a buscar-te. I tu diras: Mama vine, que t’estic esperant, mamaaaaaaa? que vinguis ja home, que trigues molt!. Sí mama i jo vindré a buscar-te.

Explica las cosas que más le gustan, o las más triviales. Si come algo que le gusta mucho y se lo está dando su padre también le dice:

Vols tastar-ho papa? Quan tu siguis petit jo et donaré platan amb mel i el tallaré petit, petit, menut.

Lo mismo ocurre con Nic, ahora está claro que es mayor que ella, pero un día cuando el tete sea pequeño le llevará de la mano al parque para que pueda jugar con la arena y lo sentará sobre su regazo y se columpiarán juntos.

Sí, tete si, quan siguis petit...

 

Mi papá, mi padre, mi pipo

Mi papá, mi padre, mi pipo - dices orgullosa-.

Y tu mirada se torna brillante, seductora, un poco pícara.

Y tu gesto se hace divertido, ¡alegre como nunca!

Sabedora de lo que se te avecina, corres a esconderte.

Y tu padre te atrapa en sus brazos, te alza, te enreda, te rueda, te sube, te baja... te jalea.

Tu padre pone música en tu alma, inteligencia en tu risa.

 

 

 

 

Hola de nuevo

Necesitaba tiempo, sólo tiempo, tiempo para volver, aquí estoy.

 

mi crisálida

tiempo para renacer

parto de agua

Me

De un tiempo a esta parte, todo lo que quieres, lo que te gusta es me.

Mama me

Papa me

Tete me

¿Y Júlia? te pregunto

Me, también.

Sí hija, todas las noches, un poco antes de que el sueño te venza, te giras hacia mi, me rodeas el cuello con los brazos y me cuentas.

Papa, mama, tete, dices tú, papa, mama, tete, digo yo. Vamos repitiendo una y otra vez, cambiando el tono. A veces con ritmo rápido y divertido, otras como quién se lamenta con mimo de una ausencia, las más con alegría y decisión o como una pregunta, dónde están, dónde estamos.

Primero el tete.Teteeeee, tetete, te- te- teeee ... y te cuento, que está en casa de la tieta Inma, que mañana juega a hockey o que ya se ha ido a dormir porque tiene que ir al cole. Me interrumpes: - ¡tete me!

Luego papa, papaaaaaaaaaaaa, papapapa, pa-papá... y te cuento, papá esta haciendo la cena para mamá o doblando la ropa, o mirando cosas en el ordenador. Y tú repites, papapá, papá me.

Me encanta este ratito porque parece que resumas el día, en lo esencial, repasando las personas que te importan, con las que te sientes segura, felíz, con las que juegas, aprendes, con las que vives.

Un placer

Mamá

¿Sólo una palabra?  Noooooooooo.

Una caricia, uno y mil gestos, un arrullo, un abrazo, una súplica, una risa, un ruego, un lugar seguro, una exigencia, un deseo, una duda, un refugio, un reto, una letanía, un juego, una cómplicidad, un límite, una transgresión, un reclamo, un estímulo, un dulce, un beso.

Un camino, largo y corto, que sube y baja y me rodea y entrelaza mis brazos, mi nuca, mi pelo, mis labios, mi ser, mi estar, mi vivir.

Un camino que andas y desandas con tanto salero, con tanta ternura, con tanto desparpajo, con tanta confianza, con tanta entrega...

Mamá, mama, mamamá... dices, cantas, gritas, susurras, lloriqueas, ronroneas, aullas, llamas, vociferas, murmuras, exclamas...

¿Sólo una palabra? ¡Una novela!

 

La sandía

 Aplastas la sandía hasta que su jugo te chorrea por el codo y separas las pepitas con destreza, te llevas un trozo enorme a la boca y escupes las pepitas que se te han resistido, me miras con cara de complicidad como preguntándote qué tal ando de humor y de paciencia hoy. Esa cara de pillina que me vuelve loca. Para colmo, encajas tu dedo índice en ese último trozo y te lo comes como si fuera un donut. Parece que me estés diciendo "tenemos un día redondo hoy...¿eh mama?".

- Vols més Júlia?

No puedo evitar reirme viéndote asentir insistentemente con esa cara de ¡qué rica está!

Me pregunto si te pasa como a mí, si la sandía te trae a la memoria nuestros primeros desayunos en Nanning.

¿Qué cosas podían gustarte de aquel bufete abundante y variado? Nunca faltaba el "congui" que los primeros días se me antojaba una tabla de salvación.

- A las niñas les gusta mucho sopa de arroz, "congui",  siempre hay en desayuno - nos había dicho nuestra guía. Y era cierto, daba gusto ver como te comías tu tazoncito de sopa. Luego empezamos a probar cosas nuevas, yogur, bollitos de leche, zumos, jamón dulce, queso tierno... poco a poco fuimos descubriendo que estabas siempre dispuesta a degustar nuevas propuestas.

Les llegó el turno a las frutas, el platano nos lo reservabamos para la merienda o para un tentempié a cualquier hora, lo mismo pasaba con las manzanas y las mandarinas. 

Tú no lo sabías aún, pero papá se "ponía malo" cuando nos veía a Nic y a mí pelearnos por la última raja de melón o cuando insistíamos en que probase el corazón de la sandía. Así que no podías imaginar que pondría aquella cara cuando vió que las dos frutas te encantaban.

Recuerdo que te dabamos trocitos pequeños, bueno, yo te daba trocitos pequeños, tienes que entenderlo, es superior a él. En su defensa hay que decir que por aquel entonces te resistías bastante a los encantos de tu padre y sólo aceptabas las cosas que te ofrecía mamá.

Tu hermano, se bastaba solo, se recorría el bufete de arriba a abajo, de derecha a izquierda. Aparecía con platos calientes recien preparados, siempre contundentes, sus huevos fritos con beicon, sus tortillitas de queso, sus salchichas de tofu..., casi siempre nos sorprendía con alguna cosa nueva, veía lo que a nosotros nos pasaba desapercibido y nos aprovisionaba de todo aquello que sabíamos que te gustaba. Vaya que más que ocuparnos de él, él se ocupaba de nosostros.

Toda nuestra atención recaía sobre ti, vigilabamos que no se te ocurriese saltar de la trona, troceabamos las frutas y los bollitos... hay que tener en cuenta que entonces no tenías tantos dientes ni nosotros tanta práctia, además, teníamos una reserva limitada de baberos y, aunque lo intuíamos, aún no sabíamos que tenías tanto sentido común.

 

 

A dormir

¡Es hora de dormir!

- Bona nit papa!

- Bona nit tete!

Empieza ese ritual que suena cantarín, que alarga las palabras caprichosamente y que anuncia el fin de la jornada. Júlia se despide siempre de su padre y de su hermano con la mejor de sus sonrisas, con besos sonoros y dulces, agita su manita diciendo adiós con tanta gracia, con tal ímpetu que querrías repetir y repetir ese momento sólo para verla.

- Bona niiiiiiiiiiiit Júlia... un altre petó pel tete!

Siempre hay un par de peticiones que multiplican las risas y hacen que llegue a la habitación con ganas de ¡jaleo, jaleo!.

Jugueteamos un poco o un mucho, cantamos alguna canción y , aunque reina la penumbra, intercambiamos miradas de complicidad.

Poco a poco llega la calma y nos estiramos sobre la cama.

Uf! toda mi espalda se queja y siento las lumbares doloridas que se relajan y las cervicales que se recolocan. Apenas tengo tiempo de rectificar la postura. Júlia se sienta sobre mi vientre y se deja caer sobre mí con total confianza hasta acomodar su mejilla sobre mi pecho, como si escuchara atentamente los latidos de mi corazón. Intenta rodearme el cuello con uno de sus brazos pero se lo piensa y lo apoya firmemente sobre mi hombro, mueve la cabeza de un lado a otro y estira o encoge las piernas hasta que encuentra su mejor acomodo. Siento su peso y su calorcito.

Se me antoja una ranita estirada sobre una paciente hoja de nenúfar que protegida por la oscuridad de la noche espera la llegada de Morfeo.

Escucho su respiración tranquila y siento su aliento contra mi piel, acaricio sus manitas, las puntas de los dedos de sus pies, recorro su cuerpecillo con la palma de mis manos con una ternura que redescubro y estreno cada noche. Siento su pulso sobre mi cuerpo y el ritmo de los dos corazones que conversan alegremente.

Cierro los ojos y las respiraciones y los latidos se acompasan hasta reducirse a un susurro que acaricia el alma.

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Descubrimientos

Asistir a cada pequeño descubrimiento de Júlia es un privilegio.

En algunos casos te mondas de risa, en otros, tu corazoncito se enternece y te derrites como una onza de chocolate en las manos de un niño pequeño... En cualquier caso, te impregna de inocencia.

Redescubres el afán por tocar, la curiosidad, la perseverancia, la sensualidad, la risa, el asombro... Te asaltan infinidad de recuerdos de tu infancia que parecían olvidados...

Te vuelves de nuevo algo más niña, algo más buena, algo más blanda, algo más tierra, algo más agua, algo más bruja, algo más risa, algo más feliz, algo más suya.

¡Seis dientes!

En el informe médico que nos llegó con la asignación, nos decían que Júlia tenía tres dientes, fue un dato que nos hizo mucha gracia.

En cuanto vimos la primera sonrisa de Júlia nos dimos cuenta de que tenía más, hasta ocho contamos y alguna muela. Estos días está un poco quejosa y se mete los deditos en la boca ¡Sorpresa! le están saliendo seis más y todos al mismo tiempo. Es una valiente mi niña.

26 de enero

Justo hoy, hace tres meses, aterrizabamos en Naning.  ¡Qué curiosa es la percepción del tiempo! tres meses, lo pienso y me parece poco, me parece que hace nada y sin embargo tengo la sensación de que Júlia está con nosotros desde siempre.

¡Ah el tiempo!, lo poco que me cunde, querría que las horas se duplicaran, ja, ja, ja... poder pararlo en algunos instantes y acelerar otros para que pasasen más rápidos. Sobre todo lo que querría es que no llegara nunca el dia 27 de febrero. Se me ha hecho tan corto este permiso de maternidad.

En estos días siento que Júlia empieza a tener claro que soy su madre, aunque aún no diga mamá, a veces me mira con cara de saber que lo soy, lo intuyo. Soy su incondicional, la que siempre está.

¿Qué va a pasar ahora? sólo tenemos un mes para aprender a separarnos a ratitos hasta que llegue el día D y me marche a las ocho y no vuelva a verla hasta las tres. ¡Glups!. 

Ahora cada martes hacemos la primitiva, la bonoloto, el euromillón, yo que sé... lo que tenga bote. No pedimos mucho, sólo el salario de siete meses, justo para que llegue septiembre y Júlia tenga dos años y empecemos la guardería muy, muy, muy despacito.

La abuela dice que ella también hace la primi... sí, sí, eso dice ella, pero que a mí trabajar me va a sentar muy bien, que tengo que ser una mujer de mi tiempo, que tengo mucha suerte por poder reducir la jornada y no trabajar por la tarde, que a ver...

Sabes Júlia, se muere de ganas de quedarse contigo, de darte la papilla, de llevarte al parque, de preparte esas lentejillas tan buenas que sabe hacer, de contarte cuentos, de consentirte, de presumir de nieta chinita, de achucharte y comerte a besos...

También te quiere con locura.

 

 

Aquí Pilar, mamá Pilar

Sí, aquí Pilar, la mamá de Júlia. La feliz y agotada mamá de Júlia que vuelve a su página por un instante.

Las tres de la mañana, en bata, con cara de sueño, pegada al intercomunicador por si Júlia se despierta y papá no la oye, dispuesta a salir corriendo al primer ruidito sospechoso para preparar un biberón o improvisar una nana.

A menudo Júlia se despierta por la noche, una o dos veces y se vuelve a dormir al poco rato. Sólo necesita un biberon o unos mimos que encarrilen de nuevo el sueño hacia un jardín feliz.

Abrazarla con ternura y acunarla hasta que el sueño la vence de nuevo... contemplarla... Y a dormir otra vez.

Normalmente las dos nos dormimos enseguida, yo, con cara de boba, seguro...¡es tan bonita!

Pero hoy, mira, me he desvelado.

Ep! que plora!

 

 

 

 

 

China nos espera

Júlia, hija en unas cuantas horas, más de las que nos gustaría, estaremos contigo.

Paréntesis

Abro un paréntesis. No sé cómo han pasado los días, pero el caso es que han pasado. Quedan aún cosas por escribir. La preparación del viaje, la recogida de la carta de invitación que llegó el día 7 de octubre, esta espera demoledora hasta hoy...El caso es que son las ocho de la mañana y en unas horas estaremos volando hacia China.

 

Y el día sigue

Recuerdo el resto del día con tanta intensidad como si fuera hoy mismo y  me agoto. 
Las ganas de hablar con los más cercanos, con los abuelos, los tíos, los amigos, con Nic,  esa necesidad de contar los primeros datos, hacía que no dejásemos quieto el teléfono móvil y a la vez esa necesidad imperiosa de salir corriendo para la sede de AFAC hacía que las conversaciones fuesen precipitadas y rápidas.


Con la moto llegamos en un momento a  la calle Fraternitat y eso nos permitió tener el número 3 para traducir el expediente. Allí nos volvimos a encontrar con más familias, se respiraba un ambiente festivo,  conversaciones agitadas, risas, compadreo… Una vez más, los amigos de AFAC estaban allí, resolutivos, organizando y trabajando a tope.
 

Tu imagen se instaló de tal forma en mi memoria que te veía en todas partes, mientras firmaba la carta de asignación, mientras miraba las fotografías de las hijas de nuestros amigos, mientras repasaba el informe del Centro donde estabas acogida...  Y aún así, no podía parar de mirar tu fotos, las sacaba de su sobre y empezaba a contemplarte de nuevo, cerraba los ojos y podía repasar tus rasgos, tus gestos …como ahora, mientras escribo.


Y llegó el momento estelar de la traducción del informe. Ahí estaba, contenido en una cinta de caset tu primer año de vida, todo lo que sabemos sobre ti.


Tu padre y yo nos repetíamos fragmentos, lo madrugadora que eres, tu color preferido, el número de dientes, tu peso, tu estatura… Y aún quedaba toda una página escrita en chino de la que tendríamos todos los detalles cuando nos llegara la traducción escrita. ¡Qué bien! aún podíamos saber algo más.


A partir de este momento, nos instalamos en un bar cercano a la asociación, junto con otras familias para ir dejando paso a los nuevos padres que iban llegando a AFAC.


Y allí estuvimos hasta la hora de comer, conversando, saludando a nuevas familias, intercambiando fotos y datos,  calculando la fecha en la que llegarían las cartas de invitación, haciendo ya planes para el viaje, agrupándonos , hablando de billetes de avión, de guías… Ya estábamos en marcha, ya empezábamos a organizar nuestro viaje.

Cada minuto que transcurría dábamos un paso más hacia ti.

A las cuatro entrabamos a trabajar y la tarde transcurrió entre idas i venidad, felicitaciones y más abrazos. Todos coincidiamos, eres preciosa.

Esa noche me dormí contemplándote, creo que tu padre apagó la luz, dejó la foto sobre la mesita, me besó y me dijo:- buenas noches mami. Estaba muy cansada, felizmente agotada.


 

Transformación

Un día de locos.
 

Ya en el vestíbulo, nos vamos  intercambiando las fotos, con confianza pero sin perderlas de vista, ja, ja, ja.
Todas las niñas son preciosas. Y ¡sorpresa! un niño, un bebé regordete y serio que ha dejado  a sus padres sumidos en el desconcierto. ¡Un niño hermosísimo! al que nos rifamos para futuro yerno.
 

Padres y madres recién estrenados, algunos repetidores, los más, primerizos, absortos, risueños, con lágrimas en los ojos, resplandecientes, felicies… Veo en todos nosotros el estigma de la transformación.
 

Abrazos, risas, emociones contenidas que se liberan y tiñen este momento de una energía especial que nos permite entregar y compartir un pedazo de nuestra intimidad.
 

Y una pregunta que también será la  protagonista del día - ¿de dónde sois?

 

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Y ahí estás tú

 

 

Antes de que se abra la puerta, nos da tiempo de leer algunas cosas. 

 

- ¡Es de Guanxi, como Mencía!

 

- Mira, se llama Yuan YueHong ¡qué difícil!

 

- Yuan YueHong, no tanto ¿no? Yu-an-yu-e-hong, ¿cómo se debe pronunciar?

 

- ¡Aquí está la fecha de nacimiento!, 18 de septiembre del 2004, pronto va a cumplir un añito...

 

Cada dato nuevo nos produce una profunda conmoción. Como si una a una las piezas del rompecabezas de tu historia, de tu existencia se fueran acomodando en nuestra mente y a la vez en nuestra cuerpo, en nuestra estructura muscular, en nuestras vísceras... 

 

Al salir del despacho aún me temblaban las rodillas  y tenía ganas de saltar, de abrazarme a tu padre y dar vueltas y vueltas, de llorar y de reir, de gritar... Me sorprendí despidiéndome cordialmente junto al rotulo de salida y guardando totalmente la compostura. Contenía mi risa, mi llanto, mi felicidad... y caminaba por el pasillo apretando el sobre blanco contra mi pecho como si pudiera abrazarte en la distancia.

 

En el último tramo, tu padre y yo apretamos el paso ¡teníamos tantas ganas de llegar al vestíbulo y compartir nuestra alegría con nuestros amigos!

 

 

 

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